Hoy es un día como otro cualquiera; los niños pasean de la mano de sus madres, los ancianos hablan entretenidamente, pero ¿y yo?, ¿Qué es de mí?.
Siento una opresión muy fuerte en el pecho, algo que no se puede describir con palabras porque no las hay.
Siento que la vida se me escapa de las manos, noto como me roza la yema de los dedos y se esfuma... para nunca volver.

Es tal mi estado de embriaguez que no consigo ordenar mis ideas, mi mente está saturada, inmersa en mil pensamientos diferentes. De los cuales ninguno me conduce a ningún sitio.
Sé con certeza que debo abandonar este estado que lo único que me hace es daño, pero por más que lo intento no lo consigo.
Sólo soy plenamente féliz cuando duermo (a veces) y sueño con esas cosas magníficas que desearía que me pasen, pero que nunca me pasan.

Cuando salgo a la calle, veo a la gente divertirse, reir, charlar animadamente y me pregunto:
- ¿Por qué no puedo ser uno de ellos?
Quizás soy yo misma la que no quiere ser uno de ellos. Pero me duele la soledad, aunque se que es mi única compañera, confidente y amiga.

Cuando me quiero dar cuenta ha pasado el día; un día más como otro cualquiera.